Ciudad de Guatemala, 14 ago (AGN).- Hay días en los que un balón puede ser mucho más que un balón. Puede convertirse en una oportunidad para volver a levantarse, en una razón para salir de casa o en la prueba de que aquello que parecía imposible todavía puede hacerse realidad.
En una sala de rehabilitación del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), el deporte ha comenzado a ocupar un lugar especial en la recuperación de personas que han perdido una extremidad. Allí, entre ejercicios, terapias y esfuerzos que muchas veces pasan desapercibidos, también se reconstruye algo que no aparece en ninguna radiografía: la confianza para volver a vivir.
Este día, el @IGSS_gt realizó un encuentro amistoso de futbol para amputados, con el apoyo de la Asociación Guatemalteca de Fútbol para Amputados. pic.twitter.com/T8Y2BfqLMc
— AGN (@AGN_noticias) February 28, 2024
Cuando el deporte vuelve a encender la vida
Ingrid Salvatierra lo ha visto durante 25 años. La fisioterapeuta ha acompañado a pacientes que llegaron a pensar que después de un accidente sus vidas habían terminado. Con el paso del tiempo, aprendió que rehabilitar no significa únicamente recuperar fuerza o movilidad. También significa ayudar a una persona a entender que su discapacidad no tiene por qué convertirse en el límite de sus sueños. En este trabajo es increíble ver el compañerismo que hay entre pacientes, cada sonrisa que vuelve a sus rostros, cada risa es fascinante. Lo mejor es poder ayudar a que vean que la vida no se les acabó, recuerda Ingrid.
Su trabajo también la llevó a acercarse al deporte adaptado. Durante una década ha adquirido experiencia en terapia deportiva y ha aprendido que no todos los pacientes pueden practicar las mismas disciplinas. Cada lesión requiere una evaluación, un plan de trabajo y, muchas veces, un proceso para vencer primero el miedo.
Porque el miedo aparece. Algunos pacientes temen lastimarse. Otros necesitan tiempo para aceptar su nueva realidad. Y hay quienes deben reconstruir su confianza antes de volver a intentar aquello que alguna vez hicieron sin pensarlo.
Pero cuando lo consiguen, la transformación puede ser enorme. Uno de esos casos es el de Juan Carlos Morales. En octubre de 2022, un accidente de motocicleta le cambió la vida. Perdió la pierna derecha y tuvo que enfrentarse a una imagen que todavía recuerda con claridad: sus dos tenis frente a él, pero solo uno podía volver a utilizarlo. Es duro ver tus dos tenis y solo ponerte uno, dice.
Juan Carlos tenía más de 60 años cuando tuvo que aprender a vivir con una amputación. Pero el deporte ya formaba parte de su historia. Durante su juventud practicó ciclismo y posteriormente atletismo. Aquella vida activa terminó convirtiéndose en una herramienta para afrontar una nueva etapa.
Aceptar lo ocurrido, dice, fue fundamental.
Su familia también.
Es duro, no voy a mentir, no cualquiera acepta que en la mañana al ver los dos tenis solo te pongás uno, ponerte un pantalón y que una pierna te cuelgue, pero lo mejor es darle rápido la vuelta a la página; prácticamente, durante este tiempo mi esposa se ha convertido en mi pierna.
Ahora mira su historia de otra manera. La discapacidad no consiguió detenerlo y su experiencia también se convirtió en un mensaje para las nuevas generaciones: el deporte puede ser una forma de vida y una herramienta para salir adelante.
Kevin García: “Mis ganas de caminar no han terminado”
La historia de Kevin García tomó un camino diferente. Antes de su accidente, el deporte estaba lejos de sus prioridades. Sus estudios y su trabajo relacionado con la computación ocupaban buena parte de su tiempo. Pero el 4 de septiembre de 2023 perdió la pierna derecha en un accidente de motocicleta.
Después llegó una vida llena de retos y también una sorpresa. Kevin comenzó a practicar futbol durante su proceso de rehabilitación. Paradójicamente, cuando tenía ambas piernas no jugaba. Ahora, con una sola, descubrió que podía hacer cosas que nunca imaginó.
Con una pierna no me imaginaba yo poder hacer maravillas con la pelota, recuerda.
La práctica deportiva también cambió su rutina. Pasó de permanecer gran parte del día sentado o en una silla de ruedas a mantenerse más activo en casa. El balón, entonces, dejó de ser únicamente un elemento de recreación. Se convirtió en parte de su recuperación.
Para Ingrid, observar ese cambio es una de las mayores recompensas de su profesión. Cada sonrisa, cada risa y cada intento representan una pequeña victoria.
Y quizá una de las historias que más la marcó fue la de Luis Lobos, un paciente con amputación bilateral cuyo sueño había sido formar parte de un equipo de futbol. La condición física parecía haber cerrado definitivamente aquella puerta.
Pero el deporte encontró otro camino. Después de terapias y esfuerzos, Luis logró ingresar a un equipo de básquetbol. Su sueño cambió de forma, pero no desapareció y su felicidad tampoco.
Por eso, cuando un paciente entra a una cancha, corre detrás de un balón o intenta realizar un movimiento que antes parecía imposible, no solo está haciendo ejercicio. Está rompiendo una barrera que muchas veces comienza en la mente.
Kevin lo resume con una invitación sencilla:
Denle una oportunidad al deporte, es cierto que no todos tenemos las mismas capacidades, pero todos podemos brillar en un área específica. Gracias a Dios, en Guatemala también se tiene la oportunidad de hacer varios deportes.
Porque no todos tienen las mismas capacidades, pero todos pueden encontrar un espacio en el que sean capaces de brillar. En el IGSS, el deporte se ha convertido en una herramienta más dentro de ese camino. Una herramienta que ayuda a fortalecer el cuerpo, pero que también puede transformar la manera en que una persona mira su propia discapacidad. Juan Carlos perdió una pierna, Kevin perdió una pierna. Pero ninguno perdió las ganas de seguir adelante.
Y mientras Ingrid observa cómo sus pacientes vuelven a sonreír, queda una certeza en aquella sala de rehabilitación: a veces, recuperar la vida no significa volver al punto de partida. Significa descubrir hasta dónde todavía se puede llegar.
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