Ciudad de Guatemala, 26 jun (AGN).- Antes de que una familia pueda ser identificada para recibir atención focalizada del Estado, hay un trabajo silencioso que ocurre en montañas, caminos de terracería, aldeas remotas y comunidades donde muchas veces ni siquiera existen rutas de acceso.
Detrás del Registro Social de Hogares (RSH) hay cientos de censistas que recorren el país para recopilar información sobre las condiciones de vida de los guatemaltecos.
Una de ellas es Yanoharia, quien describe su labor como un compromiso que va más allá de llenar formularios.
Para ella y sus compañeros, cada jornada implica dejar a sus familias, enfrentar largas caminatas bajo el sol o la lluvia y llegar hasta las viviendas más apartadas para garantizar que nadie quede fuera del registro.
Amo mi trabajo, repite cuando el cansancio aparece, convencida de que cada entrevista representa una oportunidad para mejorar la vida de una familia.
¡El Registro Social de Hogares fortalece una atención transparente y basada en datos! 🧢📲
En Chiantla, Huehuetenango, nuestros censistas visitan casa por casa para recopilar información que permite conocer la realidad de las familias. pic.twitter.com/ctx8itGmCn
— Ministerio de Desarrollo Social (@Midesgt) June 17, 2026
Llegar hasta la última vivienda
El trabajo de los censistas comienza antes del amanecer. Yanoharia explica que, desde las cuatro o cinco de la mañana se preparan para trasladarse a las comunidades asignadas, muchas veces ubicadas a varias horas de distancia.
Equipados con tabletas y mapas satelitales, buscan viviendas guiándose por referencias tan diversas como un árbol, una cancha de fútbol o un cementerio.
No siempre existen caminos para llegar. En ocasiones deben cruzar cercos, caminar por senderos de montaña o pedir orientación a vecinos para localizar hogares escondidos entre la vegetación.
A pesar de las dificultades, el objetivo es claro: que todas las personas sean censadas, desde bebés en gestación hasta adultos mayores que superan los cien años.
Más que datos, historias de vida
Durante cada entrevista, los censistas conocen de cerca las realidades que enfrentan miles de familias guatemaltecas.
Asimismo, observan viviendas con pisos de tierra, hogares sin acceso permanente al agua, niños que combinan la escuela con jornadas de trabajo y comunidades que históricamente han permanecido alejadas de la atención estatal.
Para Yanoharia, la mayor recompensa llega cuando las personas expresan su deseo de ser incluidas en el registro y comprenden que su información puede contribuir a mejorar las condiciones de vida de sus comunidades.
Aunque reconoce que el trabajo implica sacrificios, largas jornadas e incluso riesgos en el campo, asegura que la satisfacción de ver crecer el Registro Social de Hogares compensa cada esfuerzo.
Guatemala es bellísima, pero más bello es el corazón y el trato de nuestras comunidades.
Para ella, cada vivienda registrada representa una oportunidad para que el Estado conozca mejor las necesidades de la población y tome decisiones basadas en evidencia, con la esperanza de construir un país con mayores oportunidades y mejores condiciones de vida para todos.
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