Ciudad de Guatemala, 15 mar (AGN).- Municipal volvió a golpear en el momento justo y se quedó con el Clásico 337, en una noche donde El Trébol fue un hervidero rojo que empujó de principio a fin. No fue un partido de muchos goles, pero sí de mucha tensión, de esos que se juegan con el corazón en la mano y donde cada detalle termina marcando la diferencia.
La primera parte fue un reflejo puro de lo que significa este enfrentamiento: cerrada, intensa y con poco margen para el error. Ambos equipos intentaron imponer condiciones, pero se toparon con líneas defensivas ordenadas y arqueros seguros. Municipal buscaba desde la iniciativa, mientras Comunicaciones apostaba por el orden y el contragolpe. El 0-0 al descanso no era casualidad, era consecuencia de un duelo muy bien trabajado tácticamente.
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Pero los clásicos no esperan, y en la segunda mitad los rojos decidieron dar ese paso que muchas veces define estas historias. Con más empuje que claridad, pero con una convicción innegociable, comenzaron a inclinar el campo. Al minuto 63 llegó el punto de quiebre: tiro de esquina, balón al área y la aparición de “El Flaco” Martínez, que se elevó para conectar un cabezazo letal y mandar el balón al fondo de la red. Gol de delantero, gol de clásico, gol que desató la locura.
Con la ventaja en el bolsillo, Municipal supo sufrir y competir. Cerró espacios, manejó los tiempos y apagó los intentos de un Comunicaciones que no encontró respuestas. El silbatazo final fue el desahogo de una noche perfecta para los escarlatas.
Así, Municipal se queda con el Clásico 337 y reafirma su fortaleza en casa, en un partido que no será recordado por la cantidad de goles, sino por el peso de una victoria que vale más que tres puntos.
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