Ciudad de Guatemala 3 mar. (AGN).- La noche del 2 y la madrugada del 3 de marzo quedarán grabadas en la memoria de millones. Un espectáculo celestial, de esos que estremecen el alma, iluminó el firmamento y llenó de asombro a quienes alzaron la mirada.
En medio del silencio de la madrugada, la luna abandonó su tono perlado para vestirse de un rojo intenso, casi místico, dando vida a la majestuosa Luna de Sangre, durante el Eclipse Lunar 2026.
En Guatemala, el cielo permitió que personas de todas las edades fueran testigos de este regalo del universo. Familias enteras salieron a sus terrazas, amigos se reunieron en parques y amantes de la astronomía contemplaron el cielo con ojos brillantes, conscientes de que estaban presenciando un instante único, un guiño del cosmos a la humanidad.
Para algunos, este fenómeno trasciende la ciencia y se convierte en un mensaje divino, una señal en los cielos que despierta emociones profundas. Para otros, es la simple y grandiosa belleza del universo recordándonos lo pequeños que somos, pero también lo afortunados de existir en este rincón del espacio, donde cada cierto tiempo la luna nos regala un susurro de eternidad.
Durante esta madrugada, bajo ese resplandor rojizo millones sintieron lo mismo: asombro, admiración y una extraña sensación de conexión con el infinito. Porque hay noches que no se olvidan, y esta, sin duda, fue una de ellas.
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