Ciudad de Guatemala, 01 de nov (AGN).– Cada 1 de noviembre, Guatemala transforma el recuerdo de sus seres queridos fallecidos en una celebración llena de color, sabores y tradiciones. El Día de Todos los Santos reúne a las familias en los cementerios y en sus hogares para honrar la memoria de quienes ya partieron y mantener vivas costumbres que han pasado de generación en generación.
Aunque en otros países la noche del 31 de octubre está relacionada con Halloween o la llamada noche de brujas, en Guatemala estas fechas adquieren un significado diferente. Desde el día anterior, muchas familias comienzan a preparar las tumbas de sus familiares: las limpian, pintan, decoran con flores y realizan distintos arreglos para recibir el 1 de noviembre.
Los cementerios se llenan de recuerdos
Durante la jornada, los camposantos reciben a familias que llegan para compartir un momento de recuerdo y respeto. Algunas llevan flores, velas y alimentos que disfrutaban sus seres queridos cuando estaban con vida.
De acuerdo con una tradición arraigada en Guatemala, colocar comida sobre las tumbas representa una ofrenda para los difuntos. Algunas creencias sostienen que los seres queridos pueden contemplar o recibir simbólicamente estos alimentos desde el más allá. La práctica también funciona como una forma de mantener presente la memoria familiar y compartir, desde la tradición, con quienes ya no están.
Más allá de la creencia, la visita al cementerio se convierte para muchas familias en un espacio para conversar, recordar anécdotas, rezar y reencontrarse con otros integrantes de la familia.
Barriletes que conectan generaciones
Una de las expresiones más reconocidas del Día de Todos los Santos ocurre en Sumpango y Santiago Sacatepéquez, donde los barriletes gigantes llenan el cielo de colores.
Su elaboración comienza varios meses antes. Los participantes construyen las estructuras y preparan grandes lienzos de papel de china en los que plasman mensajes y diseños relacionados con temas sociales, culturales, históricos y espirituales.
Según la tradición, los barriletes representan un medio de comunicación con los antepasados, ayudan a alejar los espíritus negativos y simbolizan renovación. La tradición de elaborarlos y elevarlos durante estas fechas se remonta a finales del siglo XIX y principios del XX.
El reconocimiento internacional también llegó para esta manifestación cultural. En 2024, la UNESCO inscribió la Técnica de elaboración de barriletes gigantes de Santiago Sacatepéquez y Sumpango en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
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Este 1 de noviembre, un barrilete gigante de cinco metros rendirá homenaje a Miguel Ángel Asturias, en el marco de su retorno a Guatemala.
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— Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala (@McdGuate) October 29, 2026
Cada pueblo celebra a su manera
Las tradiciones del 1 de noviembre cambian de acuerdo con el departamento y municipio, pero todas mantienen como elemento común el recuerdo y la identidad cultural.
En Villa Nueva, por ejemplo, el Desfile de los Fieros, también conocido como Convite de Fieros, forma parte de las expresiones más representativas del municipio. La actividad reúne a vecinos y visitantes con máscaras, disfraces, bailes y coreografías que recorren las calles. La tradición cuenta con más de 250 años de historia y ha sido reconocida como Patrimonio Cultural Intangible de la Nación.
Así, mientras algunas familias se reúnen en los cementerios, otras participan en actividades que combinan música, baile, creatividad y convivencia.
El sabor también guarda memoria
La celebración tampoco estaría completa sin la gastronomía. El protagonista indiscutible es el fiambre, un platillo frío que reúne verduras, embutidos, carnes, quesos, encurtidos y otros ingredientes. Existen diferentes preparaciones, entre ellas el fiambre rojo y el blanco, y cada familia suele conservar su propia receta.
Su preparación puede convertirse en una actividad familiar que reúne a varias generaciones alrededor de la cocina. El platillo fue declarado Patrimonio Cultural Intangible de la Nación en 2019 y es considerado una expresión de unión familiar y memoria.
A la mesa también llegan los dulces tradicionales. Ayote en miel, jocotes en miel, torrejas, molletes, higos, camote y otras conservas forman parte de los sabores característicos de esta época. En algunos hogares también se preparan nuégados y otros dulces propios de cada región.
De esta manera, el Día de Todos los Santos reúne cementerios, familias, arte y gastronomía en una misma fecha. Guatemala recuerda a quienes ya no están, pero también celebra las costumbres que continúan pasando de padres a hijos y que forman parte de la identidad cultural del país.
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