La Laguna (España), 12 jun (EFE).- El papa León XIV escuchó este viernes el testimonio de ilusión, sueños y esperanza de una vida mejor que empuja a muchas personas a salir de su país y asumir grandes riesgos y dificultades para establecerse en otros lugares muy distantes y distintos.
Es el caso de Thalia Johana Saldarriaga Diago, que dejó a su hijo en Colombia y se encontró sin recursos ni vivienda en España. Pero gracias al apoyo de varias organizaciones recibió, no solo un techo, sino una oportunidad de ser acogida, de esperanza y de recuperar la dignidad.
Actualmente es voluntaria para atender a inmigrantes porque comprendió que su experiencia puede servir de puente para otras personas en su situación, según dijo delante de León XIV en San Cristóbal de La Laguna, en la isla atlántica de Tenerife, donde el pontífice termina su viaje de siete días a España.
Es una ciudad sin murallas, dijo el Papa para valorar la acogida que reciben los inmigrantes, particularmente los que llegan de manera irregular por mar desde el continente africano, aún a riesgo de perder la vida en la travesía, siempre incierta.
Naufragio silencioso llamó el Papa a lo que ocurre cuando alguien se queda solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad.
El drama de los migrantes debe convertirse en un examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa,…
— Papa León XIV (@Pontifex_es) June 11, 2026
Testimonio de esperanza
También habló Darwin Rivasel, sacerdote venezolano que ejerce en La Restinga (isla canaria de El Hierro), puerto al que llegaron en los últimos años miles de inmigrantes.
Explicó que, durante sus siete años en las Canarias, ha vivido en primera persona los cuatro verbos promovidos por el papa Francisco, antecesor de Léon XIV: acoger, proteger, promover e integrar.
El sacerdote relató cómo numerosas personas de buena voluntad decidieron actuar para afrontar la crisis migratoria de El Hierro.
La situación fue difícil, pero siempre encontraba algún motivo de esperanza, alguna sonrisa, algún rostro agradecido que justificaba su esfuerzo, confesó.
Vale la pena seguir ayudando y que los cristianos reconozcan la carne sufriente de Cristo en los que padecen, concluyó.
También relató su experiencia migratoria un joven marroquí de 24 años, que valoró la ayuda de la Iglesia católica para conseguir trabajo, la residencia legal en España y una nueva vida.
Muchas gracias, santo padre, su presencia hoy es un ejemplo más para mí de que los cristianos se preocupan por las personas migrantes como yo, apreció.
Otro, procedente de Senegal, encontró respeto y paciencia por parte de la ONG que lo atendió, El Buen Samaritano, y agradeció al pontífice que no mire a otro lado cuando se trata del drama de la inmigración irregular.
Detrás de cada joven migrante hay un sueño, una madre que reza, y una vida que merece una oportunidad, sintetizó el senegalés.
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