Ciudad de Guatemala, 21 jun (AGN).- Con motivo del Día Mundial del Refugiado, que se conmemora cada 20 de junio, Valeria Esquivel, una joven nicaragüense de 20 años, compartió su historia de resiliencia y agradecimiento hacia Guatemala, país que le brindó protección, estabilidad y algo que considera fundamental: el derecho a una identidad.
Valeria relató que en 2018 su vida cambió radicalmente cuando ella y su familia se vieron obligadas a abandonar Nicaragua debido a la crisis política y social que atravesaba su país.
Las amenazas, el miedo y la incertidumbre los llevaron a tomar la difícil decisión de dejar atrás su hogar para buscar seguridad en otro lugar.
Migrar muchas veces significa sobrevivir, expresó durante la conmemoración, al recordar que detrás de cada persona refugiada existe una historia marcada por sacrificios, pérdidas y la esperanza de encontrar una vida mejor.
El valor de tener una identidad
Uno de los aspectos que más destacó fue el acompañamiento que recibió de parte de Guatemala y de las instituciones que apoyan a las personas refugiadas.
Según explicó, gracias al respaldo del Instituto Guatemalteco de Migración (IGM) y de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), ella y su familia pudieron regularizar su situación migratoria y acceder a documentos oficiales.
Hoy tenemos nuestra residencia y nuestro documento personal de identificación. Puede parecer algo sencillo para muchas personas, pero para nosotros representa seguridad, estabilidad, acceso a oportunidades y la posibilidad de vivir con dignidad, afirmó.
En una entrevista posterior, Valeria reveló que en Nicaragua nunca pudo tramitar un documento de identificación propio. Por ello, recibir un DPI en Guatemala tuvo un significado especial.
Al respecto, Valeria compartió:
En mi país no pude obtener mi cédula de identificación, nunca pude tramitarla. En cambio, acá ahora me siento parte de Guatemala, me siento una ciudadana más.
Más que refugio, pertenencia
Asimismo, la joven aseguró que desde su llegada fue recibida con respeto y solidaridad, lo que le permitió superar el temor inicial de ser rechazada o discriminada.
Nos recibieron de brazos abiertos, nos dieron la atención que necesitábamos, nos hicieron sentir en casa, resaltó.
Para Valeria, Guatemala no solo ofreció un lugar seguro para vivir, sino la oportunidad de reconstruir su proyecto de vida y volver a sentirse parte de una comunidad.
Historias detrás de las cifras
Durante su mensaje, la joven hizo un llamado a ver la migración y el refugio desde una perspectiva humana, recordando que detrás de cada estadística existen personas con sueños, capacidades y deseos de contribuir a las sociedades que los acogen.
Además, agradeció a Guatemala por convertirse en su segundo hogar y por brindar oportunidades a miles de personas que han tenido abandonar sus países debido a conflictos, persecución o violencia.
Su testimonio se suma a las historias de cientos de refugiados que han encontrado en Guatemala una oportunidad para comenzar de nuevo, construir un futuro y ejercer plenamente sus derechos.
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