Ciudad de Guatemala, 24 jul (AGN).- Representar a Guatemala nunca ha sido una casualidad para Ana Morales. Detrás de cada lanzamiento existe una historia marcada por la tradición familiar, la disciplina y la convicción de que los grandes resultados se construyen con esfuerzo constante. Ahora, la seleccionada nacional de boliche se prepara para escribir un nuevo capítulo en su carrera con la mirada puesta en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, una cita para la que aseguró su clasificación en junio de 2025 durante el torneo Concecabol.
Fue un momento muy satisfactorio porque fue un esfuerzo de todo el equipo. El nivel de la competencia fue muy alto y cada uno tuvo que ir mejorando día tras día para alcanzar la clasificación. La clave estuvo en apoyarnos entre compañeros, especialmente en las pruebas de triples y equipos, donde las jornadas son más largas y el nivel de exigencia aumenta mucho.
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Su historia con el boliche comenzó mucho antes de vestir el uniforme de Guatemala. Fue su abuela, quien también integró la selección nacional, la que despertó en ella el amor por este deporte. Desde pequeña asistía a la academia junto a sus primas, aunque con el paso de los años ellas decidieron retirarse. Ana también hizo una pausa, pero alrededor de los diez años comprendió que el boliche era mucho más que un pasatiempo.
Su abuela la llevó a entrenar con quien en ese momento dirigía a la selección y, al ver el progreso que mostraba, comenzó a competir en los procesos juveniles que marcarían el inicio de una carrera llena de éxitos. Uno de los momentos más especiales llegó en los Juegos Bolivarianos de Valledupar 2022, donde conquistó una histórica medalla de plata individual para Guatemala, un resultado que le dejó una enseñanza que sigue presente en cada competencia.
Aprendí que nunca hay que dejar de luchar hasta el último tiro. Ser constante y hacer bien las cosas siempre tiene su recompensa.
En el camino hacia Santo Domingo 2026, Ana ha trabajado no solo en perfeccionar su técnica y fortalecer su preparación física, sino también en desarrollar uno de los aspectos que considera más determinantes dentro del alto rendimiento: la fortaleza mental.
La mente es poderosa. Puede llevarte de pensar que estás lejos de una medalla a terminar consiguiéndola. También te ayuda a dejar atrás los errores y las situaciones que no dependen de uno. Durante estos meses he trabajado mucho esa parte porque hace poco superé una lesión complicada y también he aprendido a confiar nuevamente en mi cuerpo.
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La recuperación no fue sencilla. Una lesión sufrida a principios del año pasado complicó su preparación y, al no ser tratada a tiempo, volvió a aparecer antes de los Juegos Centroamericanos. Sin embargo, el proceso de fortalecimiento le ha permitido recuperar la confianza para volver a competir al máximo nivel.
Fuera de la pista, Ana reconoce que el respaldo de su familia ha sido fundamental para llegar hasta donde está. Sus padres le inculcaron la disciplina desde muy pequeña y, desde hace dos años, su pareja también se ha convertido en un apoyo constante, animándola a seguir adelante incluso en los días donde el cansancio, las derrotas o la frustración parecen pesar más que las victorias.
Con la vista puesta en Santo Domingo 2026, la bolichista nacional tiene claro que las pruebas por equipos representan una motivación especial y espera conquistar la mayor cantidad de medallas junto a sus compañeras. Pero más allá de los resultados, hay algo que para ella siempre tendrá un valor mucho mayor.
Representar a Guatemala siempre será un honor y un privilegio. Somos un grupo muy pequeño de personas que tenemos la oportunidad de hacer lo que más nos apasiona llevando el nombre del país en el pecho. Por eso siempre daré lo mejor de mí dentro y fuera de la pista. Me gustaría que me recordaran como una atleta que nunca dejó de luchar por sus sueños, que representó a Guatemala con muchísimo orgullo y que inspiró a otras niñas a creer que también pueden llegar lejos.
Porque para Ana Morales, el verdadero orgullo de representar no se mide únicamente en las medallas que pueda conquistar. Se refleja en la disciplina de entrenar cuando la motivación falta, en levantarse después de una lesión, en confiar en el trabajo del equipo y en defender los colores azul y blanco con pasión cada vez que Guatemala la llama.
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