Ciudad de Guatemala, 5 mar (AGN).- Cuando se habla de garra en el deporte nacional, el nombre de Valeri Castañeda surge con fuerza propia. Ha construido su carrera a base de entrega, pasión, amor por lo que hace y objetivos claros, convirtiéndose en referente para las nuevas generaciones. En el Día Internacional de la Mujer, su historia nos recuerda que los sueños no se negocian, se trabajan.
El kickboxing no fue amor a primera vista. Pasó por varios deportes antes de encontrar su lugar y, cuando finalmente llegó al tatami, el camino no fue sencillo. Mientras veía a sus compañeros sobresalir y ganar, ella sentía que avanzaba más lento. La paciencia fue su primera gran prueba.
Así lo cuenta Váleri:
Al inicio no me encantaba del todo. Pasaron casi dos años para tomarle amor. Veía cómo todos rendían y yo no. Mientras ellos ganaban, a mí me costaba muchísimo. Fue muy duro emocionalmente.
Ese momento que parecía un obstáculo terminó siendo la base de su carácter. La piedra que la obligó a resistir, a creer más fuerte y a no soltarse del sueño.
El tiempo le dio la recompensa: en 2019 se convirtió en la primera mujer de Centroamérica y el Caribe en ganar una medalla mundial de kickboxing, además de ser la primer mujer de Guatemala en ser representada por un equipo de Estados Unidos.
Valeri recuerda:
Muchas chicas me escribieron sorprendidas de ver que algo que era impensado que sucediera para una mujer, estaba pasando.
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Día Internacional de la Mujer 2026
Desde entonces, Valeri se consolidó como una de las deportistas más importantes del kickboxing guatemalteco, sumando medallas en eventos internacionales, Juegos Centroamericanos y Bolivarianos. Pero su legado va más allá de los combates. A sus 30 años, también es maestra, formando a quienes algún día tomarán su lugar:
Ver a mis alumnos ganar medallas me llena de orgullo. No es solo ayudarlos a cumplir una meta, es ver cómo superan problemas externos y saber que estamos haciendo algo positivo para Guatemala.
Los años le han dado experiencia y fortaleza emocional. En 2024 estuvo a un paso de clasificar a los World Games de Chengdu 2025. Trabajó todo un año con esa meta en mente, sacrificando tiempo, energía y comodidades. Llegó a la final del Campeonato Panamericano WAKO en Chile, ganó los primeros asaltos, pero perdió por un punto en el último round. Me quebré. Sentí que había hecho tanto para nada, confesó la atleta.
Fue un golpe duro, uno de esos que marcan un antes y un después. Pero también fue otra prueba superada. Porque en el deporte —como en la vida— las derrotas también forman campeones.
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La mujer en el deporte guatemalteco
En un ámbito que muchos aún consideran exclusivo para hombres, Valeri ha roto ese mito:
Pasamos de ver cómo solo hombres ganaban en el extranjero a ver cómo las mujeres abríamos camino. Podemos entrenar más y mejor, podemos hacer lo mismo y eso no nos va a detener.
Para ella, ser mujer en un deporte históricamente masculinizado implica desafíos adicionales:
Para mí representar a Guate siendo mujer tiene más peso. Aún estamos en un país donde las mujeres no están del todo al nivel de los hombres por culpa de la sociedad. Todavía se asombran cuando una mujer logra cosas grandes. Representarlas y hacerlo de forma positiva, dándolo todo, es muy importante.
Hubo un momento en su carrera en el que solo los hombres eran tomados en cuenta para representar y recibir oportunidades. Las mujeres casi no figuraban. Pero Valeri rompió ese molde, fue patrocinada por un equipo en Estados Unidos, convirtiéndose en la primera mujer guatemalteca en lograrlo.
Consciente de que el retiro llegará algún día, no vive con miedo a ese momento. Vive enfocada en cómo quiere que lo recuerden: como alguien que lo dio todo, que disfrutó cada paso y que nunca permitió que nada se interpusiera entre ella y sus sueños:
A las niñas les diría que no dejen que nadie les diga que no pueden. Si estás decidida, mueve cielo, mar y tierra. Hay que ser fuertes física, mental y emocionalmente. El camino siempre se abre, solo hay que construirlo.
Y así, entre victorias históricas y derrotas que templaron su carácter, Valeri Castañeda entendió que la grandeza no está únicamente en una medalla colgada al cuello, sino en la capacidad de levantarse cuando el mundo parece venirse abajo. Porque el deporte no solo forja campeonas, forja valentía. Valeri no solo pelea combates. Pelea por abrir espacios, por inspirar, por demostrar que los límites existen para romperse. Y mientras haya una niña en Guatemala soñando con subirse a un ring y conquistar sus metas, su legado seguirá vivo.
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