Ciudad de Guatemala, 29 nov (AGN).- En el marco del Día Internacional del Jaguar, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), junto a instituciones guatemaltecas y socios regionales, destacó los esfuerzos interinstitucionales para la protección del mayor felino de América, símbolo cultural y ecológico de la región.
La fecha, establecida en 2018 a través del Convenio sobre Diversidad Biológica de la COP14, busca generar conciencia global sobre la importancia de este depredador clave, hoy amenazado por la pérdida de hábitat y la presión humana.
En Guatemala, el jaguar (Panthera onca) habita principalmente en la Reserva de la Biosfera Maya (RBM), uno de los últimos bastiones para su conservación en Mesoamérica. Aunque este territorio ofrece condiciones óptimas para su supervivencia, el avance de actividades humanas, la fragmentación del bosque y la reducción de sus presas naturales han colocado a la especie en una situación de alerta.
El Gobierno de Guatemala, a través del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap), junto con organizaciones como WCS, Panthera, Cecon, Defensores de la Naturaleza, Fundaeco y WWF, impulsan acciones estratégicas para conservar la especie y los ecosistemas de los que depende.
Estas incluyen monitoreo poblacional, protección de hábitat, prevención de tráfico ilegal, ganadería amigable con fauna silvestre, patrullajes, estudios de conectividad y fortalecimiento del corredor del jaguar, que se extiende desde México hasta Argentina.
El #Jaguar es una de las especies más bellas de nuestro país, pero actualmente es una de las más amenazadas, por la pérdida de su hábitat y la caza Ilegal por ataques en ganaderías.
El CONAP hace un llamado a que juntos conservemos y protejamos a nuestros Jaguares. pic.twitter.com/3u0Vm7ztTL
— CONAP (@CONAPgt) November 28, 2025
Distribución del hábitat del jaguar
Datos recientes indican que la distribución del jaguar en Guatemala abarca el 58 % del territorio nacional, aunque solo el 47.2 % de esa área se encuentra bajo protección. Se estima una población entre mil y mil 200 individuos, altamente dependientes de bosques intactos, abundancia de presas y recursos hídricos. Su lenta reproducción y sensibilidad a las perturbaciones ambientales vuelven crucial cualquier acción orientada a la conservación.
La selva maya, reconocida como uno de los cinco grandes bosques de Mesoamérica, es el núcleo de estas iniciativas y el hogar de aproximadamente mil jaguares, lo que la posiciona como una de las regiones de mayor prioridad para la especie en todo el continente. Aquí también cohabitan otras especies amenazadas como el tapir, la guacamaya roja y el pecarí de labios blancos.
En áreas como Izabal, Mirador Río Azul, Sierra del Lacandón, Sierra de las Minas y el Biotopo Cerro Cahuí, se desarrollan proyectos de restauración ecológica, fototrampeo, patrullajes y estudios para asegurar corredores funcionales y mitigar amenazas como incendios forestales y la fragmentación del hábitat.
Especialistas recuerdan que el jaguar es una especie esquiva y no confrontativa. Los conflictos con humanos ocurren únicamente cuando su hábitat se ve severamente degradado y su acceso a alimento se reduce. Por ello, su protección requiere manejo responsable del territorio, participación comunitaria y alianzas duraderas entre el Estado, organizaciones conservacionistas y la cooperación internacional.
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