Chajil Siwan, ejemplo de los beneficios del turismo comunitario

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Rodrigo Pérez/ Fotos cortesía Inguat

Ciudad de Guatemala, 16 sep (AGN). Un aire frío mece las ramas de los árboles de pino blanco y colorado y el trino de las aves se escucha al nomás ingresar a un sendero de 1.5 kilómetros que sube serpenteando un cerro boscoso.

Ramas y hojas secas sobre un suelo húmedo sirven de alfombra al internarse al parque ecológico Chajil Siwan, cuyo nombre significa, Guardabarranco en K´iché. Se encuentra ubicado en el kilómetro 199, a 7 kilómetros de Totonicapán, sobre la ruta a Santa Cruz Quiché.

En lugar es protegido y administrado por la comunidad de Chuamazán que actualmente cuenta con 250 habitantes. El proyecto turístico se destaca por su aporte a la conservación ambiental, a la cultura del lugar y por generar ingresos económicos para la comunidad indígena, fundada hace 168 años.

Los ingresos económicos que genera el parque se invierte “por ejemplo, en apoyar a una escuela y una clínica médica, dar cursos de cocina y capacitar a las mujeres para la participación ciudadana”, afirma Patricia Rabanales, jefa regional del Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat).

Santos Gutiérrez, uno de los guías comunitarios, y quien recibe un incentivo económico por ello, comenta que “si un socio es de avanzada edad o está enfermo, se le da un aporte económico a la familia”. Y agrega que también se invierte en celebrar el aniversario de la comunidad y del parque ecológico que empezó a funcionar en 2012.

Contacto con la naturaleza

En el parque el visitante tiene contacto con la naturaleza, flora y fauna del departamento occidental. Además, es un lugar ideal para el avistamiento de aves como el colibrí de oreja blanca, quetzalillo, chipe cabeza rosada y pavo de cacho. Y si se tiene suerte, se puede topar con un venado, coche de monte o micoleón.

Para las personas que aman las emociones fuertes, en el parque hay cuatro estaciones de canopy que tienen una longitud de 60 metros, 100 metros, 200 metros y 225 metros.

Otro atractivo del bosque  son árboles que tiene más de 200 años de antigüedad. El sitio poblado de árboles tiene 107 hectáreas y de las cuales el parque ecológico ocupa actualmente 22 hectáreas.

La comunidad, que se ha dado cuenta de la importancia del bosque para su desarrollo económico y social, se organizó para protegerlo, cuidarlo y administrarlo.

Debido a ello realizan tareas de reforestación, hacen brechas corta fuegos para controlar y evitar incendios y cuentan con un vivero forestal.

“Trabajamos conjuntamente hombres y mujeres” ya que el proyecto “genera empleo directo para la comunidad, nadie viene de afuera, todos somos de aquí”, afirma Gutiérrez.

De día y de noche hacen rondas, en las que participan de 5 a 10 personas, de ambos géneros, para evitar que los recursos naturales sean depredados y con ello se afecte el medio ambiente. En Totonicapán se conocen más de 1.000 nacimientos de agua y el bosque de Chuamazán protege a más de ocho.

Nivel de desarrollo turístico mediano alto

De acuerdo con Rabanales el parque ecológico Chajil Siwan, “tiene un nivel de desarrollo mediano alto” pues “tiene infraestructura, capacidad instalada de recurso humano y el atractivo principal”.

Enfatizó, que es un ejemplo para otros proyectos. “Hay muchos que tienen los atractivos y las personas pero no tienen la infraestructura”, subrayó.

También indicó que al proyecto turístico comunitario solo le hace falta “mejorar toda su comercialización y sus planes de largo plazo” para alcanzar un nivel de desarrollo turístico alto.

Para lograr esa meta, cuentan con el apoyo del Inguat. Hasta el momento el ente rector del turismo en Guatemala ha apoyado a la comunidad para “desarrollar el producto turístico, integrarlos al círculo del sector turístico, darles capacitaciones y fortalecer sus conocimientos”, acotó Marco Xicay, subdirector regional de dicha entidad.

Además, agregó, “los apoyamos para que tengan criterios en buenas prácticas para áreas protegidas, los capacitamos en servicio al cliente y en la creación de paquetes turísticos”.

Servicios e ingresos

La entrada al parque ecológico comunitario tiene un costo de 10 quetzales y mensualmente lo visitan en promedio 300 personas. Cuenta con servicio de restaurante en donde el visitante puede degustar platos típicos del lugar como lo son el caldo de gallina criolla y de tobic, que son servidos y preparados por mujeres de la comunidad.

Herlinda Gutiérrez, de 21 años, es una de ellas y asegura que “está pensando estudiar cocina” para mejorar sus habilidades. Cinco cocineras más y cuatro meseras laboran en el restaurante, asegura.

La comunidad guarda con recelo a cuánto ascienden los ingresos económicos que genera el parque ecológico y comunitario.

Pero, debido a la demanda, están ampliando el restaurante y en ello van a invertir aproximadamente 1.000.000 de quetzales. Sin embargo, no tuvieron necesidad de ir a un banco a hacer un préstamo.

“Se va ampliar y hacer una nueva estructura de dos niveles porque actualmente solo se puede atender a 150 personas, pero aquí vienen a hacer bodas, retiros espirituales y cumpleaños y en esos casos vienen entre 300 y 350 personas”, explica Gutiérrez.

El valor de la entrada para recorrerlo y el servicio de restaurante no son las únicas fuentes de ingresos económicos. El parque ecológico ha sido beneficiado con el Programa de Incentivos Forestales (Pinfor), que otorga el Instituto Nacional de Bosques (Inab).

El incentivo, que se otorga una sola vez para la misma área de acuerdo al plan de manejo aprobado por el Inab, es un pago en efectivo que el Estado otorga al propietario de tierras de vocación forestal, por ejecutar proyectos de reforestación o manejo de bosques naturales.

El área mínima de terreno para ingresar al Pinfor es de 2 hectáreas (3 manzanas), ubicadas en el mismo municipio, perteneciente a uno o varios propietarios. El área máxima es determinada por el Estado y por los costos de producción.

Antes de abandonar el parque, no deje de subirse a los columpios que cuelgan de los árboles y que se encuentran en la entrada, y desde ahí contemplar cómo las ramas de los árboles bailan al ritmo que marca el aire frío que recorre libremente el hogar del Guardabarranco.